Casa de Los Panero en Astorga 


Hablar de la familia Panero es, de alguna manera, hablar de Astorga. Recordar los últimos días de Michi Panero es, también de alguna manera, verlo en nuestro Bar tomándose un descafeinado de mala gana, por que, en el fondo, lo que a Michi le hubiera gustado tomar es un buen Wisky con hielo.

En fin, si queréis un poco más de información pulsar debajo de este texto sobre lo que os interese:


LA DESBANDADA por César Martínez Callejo  
"Mientras la examinaba, aquélla grieta se ensanchó con rapidez; hubo de nuevo una impetuosa ráfaga, un remolino; el disco entero del satélite estalló de repente ante mi vista; mi cerebro se alteró cuando vi los pesados muros desplomarse, partidos en dos; resonó un largo y tumultuoso estruendo, como la voz de mil cataratas, y el estanque profundo y fétido, situado a mis pies, se cerró tétrica y silenciosamente sobre los restos de la Casa de Usher." E. A. Poe





Casa de Los Panero 
en Castrillo de las Piedras


Así finaliza uno de los espeluznantes relatos de Poe en el que fábula, embargado por la exageración de gusto romántico, el final de una estirpe sin descendientes y el simultaneo derrumbamiento de su mansión, a la vez panteón familiar y símbolo tangible de su apellido.
Sin esa apariencia tétrica, por el contrario, de aspecto acogedor y sugerente, aún conocí en pie, aunque ya herido por los relámpagos de sus grietas, un singular caserío que constituía también la patente encarnación del abolengo de sus moradores. Este caserío se encontraba rodeado por multitud de encinas, al abrigo de un bosque en Castrillo de las Piedras y el apellido cuyo blasón fundaban aquellos edificios, no era otro sino Panero.


Los campesinos de Castrillo, le llamábamos la casa de las señoritas , y siempre la conocí bajo esta advocación que ahora se me antoja con reminiscencias feudales, pero cuando niño nada me enturbiaba aquel nombre. . Las señoritas , ahora lo sé, eran Odila, la mayor y pronto viuda; María Luisa; Rosario, la menor, cuya muerte en Astorga en 1943 representa otra de las escenas más dantescas que vive esta familia, pues noche de su agonía vienen a detener al padre don Moisés acusado de masón; y Asunción, a cuyo novio, Ángel Jiménez, habían dejado en los años de la guerra tendido en el monte de Estébanez, y allí debe de seguir, insepulto, oliendo aquélla tierra fresca, sintiendo cómo la jardilla araña sus cuencas, como las de tantos otros, y donde a buen seguro le hubiera seguido Leopoldo Panero de no ser por su madre Doña Máxima que intercedió por él ante Don Miguel de Unamuno, primero y ante Doña Carmen Polo después. Ellas eran pues las hermanas de Leopoldo, que tras la muerte de Juan en agosto de 1937, hacían más notoria la soledad de éste como único varan, aparte de su padre, don Moisés.

La mansión había sido idea del pintoresco abuelo materno, Quirino, que la había construido en este inusitado lugar llevado por su amor a la caza, pasión que trató de inculcar a un joven Leopoldo que vagamente se interesó por los placeres cinegéticos.

Castrillo representaba la reclusión, el alejamiento, la tranquilidad: allí se había encontrado Leopoldo con las lecturas de la infancia y adolescencia, devorando febrilmente la amplia colección de libros de aventuras, misterio y policíacos que el abuelo Quirino reunía en su biblioteca; allí se repuso de una tuberculosis en 1929 que casi lo arroja a la fosa más prematuramente; allí se fue la familia Panero-Blanc a restaurar su dolido orgullo cuando tras una larga espera como segundo de a bordo no es nombrado di rector del Instituto Español.


Aquélla casa que fue el punto de reunión del grupo de compañeros de Leopoldo, que salía de Astorga para merendar en el campo, y beber aquel vino que Quirino cosechaba "con más ilusión que resultados". Por aquélla casa pasaron entre otros: Ricardo Gullón, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Luis Felipe Vivanco, Eugenio de Nora y estoy seguro de que también César Vallejo.
Esta morada se erigió en el Retrato de Dorian Gray de la familia Panero. La falta de intimidad, la diferente extracción de cada uno, la bebida, tal vez los problemas con los hijos, ¡qué se yo!, fueron abriendo hendiduras por las que penetró el bosque, las oscuras encinas y piornales, la higuera, las acacias y algunos insectos. Las heridas se declararon irrestañables...Y por fin:"Han pasado muchos años, Castrillo ya no existe, es un montón de ruinas. Pero nunca podré olvidar aquélla mañana de sol, el sendero que recorremos hasta la casa entre piornos y entre encinas, la impresión que la belleza de aquel lugar me produjo".




Leopoldo Panero y Felicidad Blanc


Cuando aún estaba semiderruida, desvencijadas sus puertas y ventanas, desmantelada su humilde grandeza, se habló de un espectro, de un paidófago , de un monstruo descorazonado. Hoy sabemos que aquélla era la sombra de Acteón perseguido y despedazado por sus insaciables perros.


[Café Kavafis Bar C/ Mártires de Somiedo, 5 - ASTORGA (León) Telf. +(34) 987 61 53 63 ]