Mi experiencia de prácticas en educación especial: de la ilusión, al desencanto (2)

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Bueno, pues como lo prometido es deuda y más que nada porque soy de carácter constante, aquí va mi siguiente extracto de las prácticas de educación especial que realicé en el año 2010, en el centro público de León, Sagrado Corazón.

Como había señalado en el relato o artículo anterior, la cosa fue progresivamente desencantándome, hasta el punto de querer salir huyendo de ese lugar, tan pronto como fuera posible.

De hecho, de no ser por el inmenso e incondicional amor que los muchachos me brindaban cada día y que por cierto sus profesores tampoco entendían, no sé a ciencia cierta, si no hubiera abandonado el barco, antes del fin de la travesía.

La cosa se iba complicando poco a poco, porque lo que yo allí veía y contemplaba cada día, desde luego no me parecía propio de una institución educativa y mucho menos, de siglo XXI.

De verdad que siempre me ha costado demasiado entender que ve el ser humano de atractivo en ensañarse con sus congéneres indefensos o en desigualdad de condiciones. Y es que allí, en este centro eso, lo veía a cada momento.

Creo que debido a las características de los chicos en cuestión, muchos de sus docentes aprovechaban precisamente esto, para hacerles lo que les daba la gana, porque claro, estos niños la mayoría tenían limitaciones en su lenguaje verbal, y no tenían tanta facilidad comunicativa para ir a casa y decir “mamá o papá, la profe me pegó o se rio de mí”.

Creo que sabéis a lo que me estoy refiriendo, sin más dilaciones….

Más de un bofetón vi yo dar a un niño o niña, con total impunidad por parte del resto de profesores que allí estaban y por supuesto, del resto de mis compañeras de la universidad, que hacían también prácticas junto conmigo.

Mi tutora tenía la mano bastante larga, bueno, yo creo que en proporción a su lengua, porque…. Como disfrutaba la tipa, hablando mal de los chavales y de sus familias, haciendo juicios sobre su vestuario o incluso, sobre sus capacidades….

“Sara, esto ni te lo creas! Es que hay padres que piensan que su hijo o hija puede hacer de todo…. y no contentos, dicen que él o ella, recoge la mesa en casa, o tiende la ropa!”. Esto y muchas aseveraciones de este tipo, lo oía yo casi a diario, en el aula donde ejercí mi labor práctica docente.

Y digo yo, y creo que acertadamente, como maestra que soy…. Quienes somos nosotros los maestros o el resto de personal docente, para poner en tela de juicio lo que diga un padre o madre de un determinado alumno sobre sus capacidades?

Nosotros hemos de proporcionar herramientas pedagógicas, esas por cierto que en este centro escaseaban bastante, información sobre intervenciones y demás, pero jamás hemos de juzgar una capacidad que un padre o madre nos muestra sobre su hijo, y mucho menos, hacerlo por prejuicios absurdos más que por comprobaciones empíricas acerca del hecho en cuestión.

Pues claro que muchos de esos niños y niñas hacían más cosas de las que en el colegio se les proponía. Pues claro que muchos de ellos estaban totalmente capacitados para leer y escribir y para mucho más, y allí en lugar de potenciarlo, se les trataba más con carácter meramente asistencial, que propiamente educativo.

Esto es un error garrafal, que supone no solo una frustración del propio alumno, sino también un fracaso absoluto de todo el proceso educativo en conjunto, pues este como tal, a de potenciar siempre las máximas capacidades de la persona, y nunca mermarlas, como creo yo que se hacía en ese centro, y me consta que en muchos del estilo.

Ya vi yo el caso de un chaval que en el momento tenía 21 años y presentaba parálisis cerebral moderada, de quien según se decía no sabía contar.

Y eso, dicho por su tutora y la mía de prácticas, trabajando con él a diario…. Pues yo, intenté, desde mi humilde labor, comprobar aunque fuera de modo rudimentario, si eso era cierto….

No tuve más que fijarme en el vestido que yo misma llevaba ese día puesto, y que tenía estampados tres gatitos. Pues yo, le pregunté espontáneamente al chico a ver cuantos gatos había, y los fue contando de uno en uno, hasta tres!

En ese momento, una sensación de estupor a la vez que de alegría, recorrió mi cuerpo. Estupor por comprobar in situ que en efecto, no se estaban potenciando realmente las capacidades del alumnado, con el consiguiente fracaso que eso conlleva. Y alegría, por ver que yo una vez más, había acertado en mis previsiones y observaciones, hechas desde el conocimiento teórico aplicado.

Pues como estas anécdotas, muchas más…. ese era el día a día allí, al que yo, no tenía forma de hacer frente de ningún modo porque ojo, a mí no se me dejaba apenas intervenir con los chavales solo por el hecho de ser ciega, y en no pocas ocasiones, me sentí en lugar de cómo una futura docente que hacía sus prácticas, como una alumna más del centro!

En una ocasión, recuerdo con cierta pena, como mi tutora, tras mostrarme un puzle de una muñeca a la que había que colocarle las prendas para vestirla, me dijo que lo hiciera yo, a ver si sabía…. Increíble…..pero yo lo hacía, solo por ver sonreír a mis alumnos, y sentirme más cerca de ellos.

Pero en silencio y para mis adentros, creía que aquello, era una locura…

Tampoco es que esta gente, que tan buena profesional se creía, entendiese mucho ese deseo y necesidad de contacto físico que ya no solo este tipo de alumnado sino todo el ser humano por el mero hecho de serlo, tenemos.

Como yo, que me considero una persona efusiva y cariñosa, y que entiende por ende la necesidad ajena de amor, iba a rechazar un abrazo o caricia de cualquiera de mis alumnos o de los del centro, solo porque a sus profesores no les hiciera gracia que me abrasen?

En más de una ocasión vi nuevamente con estupor, como alguna profesora le echaba una buena reprimenda a alguno de estos chavales, solo por abrazarme o besarme, como si se creyeran por el hecho de estar allí de prácticas, que eran dueñas de mis afectos y de hacia quien yo los dirigía….

Una pureza así, emanada de estos chavales es imposible de reprimir, y por supuesto yo, no lo hacía, entre otras cosas, porque creo sin lugar a dudas que el profesor a de acercarse al propio mundo del alumno, para que este a su vez, se acerque a él y lo vea como alguien que puede enseñarle algo.

Pues frases como “no te dejes abrazar por esta niña porque de lo contrario no te la quitas ni con agua caliente”, o “tú cuando te traten de abrazar o besar les dices que se vayan a jugar”, las oía a todas horas allí, sobre todo durante los recreos, o momentos de asueto, en los que los chavales tenían ganas de juego o de diversión.

Y unido a esto, está el peliagudo tema sexual….

Pareciera que trato yo aquí de hacer un compendio de cosas negativas de este centro, pero es que realmente, pocas positivas ví allí, al menos cuando estuve. Y por desgracia me consta que la cosa, mucho no a debido de cambiar….

Como digo, el asunto de la sexualidad, también era terreno pantanoso para esta gente tan poco amplia de miras.

Claro, si partimos de la base de que a estos chavales aunque tuvieran 20 o los años que tuvieran se les considera eternamente niños, como se va a trabajar con ellos cualquier tipo de educación sexual?

Alguna vez en que la enfermera del centro, que asistía a mi aula una vez por semana para tratar con los chicos asuntos de higiene y sí, también de sexualidad, recibió algún tironcito de orejas, dicho figuradamente, por parte de mi tutora, por atreverse a tratar tan según ella, delicado asunto.

Alguna vez que yo traté de convencerla para hacer alguna unidad didáctica que abordase el tema adaptado al nivel cognitivo de ellos, me dijo que la sexualidad en estos chavales funcionaba como la de los animales, y que era instintiva y que por tanto, la saciaban sin control.

Juro que pocas veces en mi vida he puesto tal cara de desconcierto, como cuando escuché eso de boca de alguien que se supone, había trabajado durante más de 20 años con este tipo de gente.

Pero en fin, creo que lo que cuenta aquí no son tanto los años al servicio docente, sino tu propio interés en aprender y reciclarte. Y eso la verdad es que para esta persona y para muchas que había allí, era una utopía muy lejana.

Y luego también, estaba el asunto de los motes! Oye, digo yo, con los nombres tan bonitos que tenían muchos de esos chicos y chicas, pues oye, a más de una profesora le oí decir “este es un grillo” solo porque hacía ruidos glotales, o “esta es la de los líos de faldas”, solo porque tenía novio la chica en cuestión.

Increíble, verdad? Parece que estoy relatando una experiencia práctica directamente vivida en el medievo. Pues no…. Juro que esto lo viví en pleno año 2010, que vamos, a nivel temporal tampoco es que haga tanto de ello….

Ahora eso sí…. Otra cosa no, pero disciplina una cuanta!

Y si no, pues a tortazos, que más de uno, también vi yo dar a algún muchacho o muchacha, en lugar de hablar y explicar las cosas como es debido.

Es terrible la impotencia que esto te puede llegar a crear. De hecho, pienso sin lugar a dudas, que mi ansiedad, que es esa compañera de viaje que casi todos llevamos con nosotros y mucho más en estos tiempos, empezó a instalarse en mí, durante ese período práctico.

Ver como se hacía esto en este centro, y como incluso desde la propia universidad me dieron la espalda para denunciarlo y hacerlo público, fue algo que jamás perdonaré ni olvidaré.

De hecho no solo no me apoyaron en la universidad, sino que me hicieron in extremis convalidar esos créditos prácticos de los que he hablado al principio y que yo quería hacer enteros, para quitarme de en medio y así, un problema menos.

Mi tutora de la universidad de León, de la facultad de educación, en ningún momento más que el día en que me comunicó que yo no debía continuar allí en el centro, se molestó en ir a ver que sucedía, y mucho menos en escucharme en tutorías, como era su obligación.

Todo lo contrario! Cuando yo, dignamente y como forma particular de rebelión y de protesta tuve el atrevimiento de denunciar y hacer ver todo esto en mi memoria de prácticas, fui sancionada con una bajada considerable de la nota, hasta tal punto, que creía que me iban a suspender las prácticas.

Y vamos, creo que si no lo hicieron, no fue por ganas, sino por no volver a tener más problemas…. Algo muy típico de instituciones tan cerradas como la universidad, en las que mi experiencia me dice que poco les importa el cambio, y si mucho la reputación, y no quedar a mal con nadie, en lugar de tratar de llegar al fondo de la cuestión, como estaba sucediendo conmigo.

Desde luego así terminaron, un poco a la fuerza estas prácticas, no habiendo hecho ni la mitad de las mismas. Casi como quien dice, fui sacada del centro por la oreja y claro, no me despedí de ninguno de mis alumnos, porque no quería causarles tristeza, más de la que yo ya tenía en mi ser.

Y claro, como yo digo, si mis compañeras hubieran cooperado conmigo, y hubieran denunciado también en sus memorias como lo hice yo, tal vez la cosa habría cambiado.

Pero…. como iban ellas a mojarse, si había una nota de por medio? La gente va a lo práctico y no al cambio, como la idealista de Sara!

Y ese, aunque no lo creáis, fue uno de mis mayores bofetones a la ingenuidad, y una de las peores decepciones que he tenido con la especie humana. No arriesgamos por nuestros iguales, y nos resulta mucho más fácil tener un papel sumiso y estoico, antes que luchar por cambiar las cosas, aunque ello nos perjudique en algo a nivel individual.

Pues oye, yo soy de las que aún creen en esto, y en que el cambio es posible.

Por eso, y por todo lo relatado, padres, madres y gente del mundo, no llevéis a vuestros hijos con diversidad a un centro de educación especial.

No dejéis que sus profesores y orientadores, con falsos argumentos que tan solo esconden un beneficio propio, se crean con el derecho de deciros a vosotros como padres, lo que tenéis o no que hacer con ellos.

No permitáis que nadie por muy titulado universitario que sea y especialista en pedagogía o en didáctica, ponga en tela de juicio vuestra labor como padres y mucho menos, las capacidades de vuestro hijos.

No creías que la segregación es integración, porque esto, es una falacia. La segregación solo segrega, valga la redundancia.

No, padres y madres… vuestros hijos no están mejor en centros de educación especial que en centros ordinarios, solo porque en los primeros en teoría, haya más recursos para facilitar su aprendizaje. No todo se basa en recursos. La educación a de preparar para la vida, y la vida, no se tiene que basar en guetos.

Si no hay suficiente personal que lo contraten, que ya conozco yo a compañeros y  compañeras que han estudiado esto mismo, y están sirviendo hamburguesas en McDonald, o de cajeros en un supermercado.

Reivindicar personal, atención individualizada, y no caigáis en la creencia de que la educación especial segregada, es mejor, porque no lo es….

El mundo es mundo y muy amplio, y la vida, no se tiene que limitar a una taxonomía de los seres humanos y segregación en base a una característica personal.

Desde mi experiencia os digo sin lugar a dudas, que la única forma de que un alumno con diversidad funcional se beneficie de la educación es justamente esa, recibiendo educación.

Y en los centros de educación especial lo que se recibe es asistencia, y no aprendizaje…. Y es así, por mucho que cueste verlo, desde la calma barata que tanto caracteriza a muchos y muchas….

Pero así es, y no dejéis que os vendan otra cosa…..pensar, que es lo mejor que podemos hacer las personas!!!!