El Covid-19 desnuda la verdad de Astorga

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Por Ángel Fernández.

Todo el sector del turismo va a verse muy afectado por las medidas tomadas frente al COVID-19. El país puede perder cerca del 12 por ciento del PIB en el 2020 si las medidas mencionadas van hasta finales mayo, o más. España es el segundo país del mundo en afluencia de turistas después de Francia.

El sector de turismo aporta empleo a nivel nacional como ningún otro sector, así que la caída en las ventas de todas las empresas del turismo afectará seriamente el empleo directo, indirecto e inducido generado por el sector.

Dicho esto, acerquémonos a la realidad de nuestra ciudad Astorga.

Durante los últimos años todo el enfoque de progreso de Astorga ha tenido una sola meta: turistas y peregrinos. Es ahora, con esta crisis sanitaria, cuando este conglomerado ha estallado (o va estallar) por los aires. Hemos basado la economía de la ciudad centrándonos ciegamente en un solo sector, y eso nos va a pasar factura. Contrariamente al apoyo recibido en otras partes del territorio provincial y nacional que han sabido diversificar sus bases económicas en todo tipo de sectores, en Astorga (quizá por la gracia de Dios) hemos reducido nuestra actividad a un sector que ante este tipo de crisis sucumbe irremediablemente.

Se suele decir que el mercado turístico se adaptará a la “nueva normalidad”, palabra de moda que, hay que decirlo, da mucho miedo a la ciudadanía. Incluso se dice” esta crisis servirá para acelerar procesos que ya estaban en marcha” sostenibilidad, seguridad (ojo), ecología”,..

Personalmente considero que los grupos sociales más desfavorecidos, y también los sectores intermedios, van a perder una parte muy importante de poder adquisitivo y eso significará menor gasto agregado y menores ingresos para el sector turístico, ósea, para nuestra ciudad. Y otra consecuencia muy importante va a ser el sector turístico de lujo, esa parte de la población con gran poder adquisitivo que van a querer aislarse del resto de los mortales. Y probamente se va dar una mayor concentración del tejido empresarial en unos pocos, lo cual va a reducir notablemente el control gubernamental sobre estos poderes, ya de por sí poderosos en nuestra ciudad, aunque estos son los primeros afectados por esta crisis sanitaria.

Quizá sea este el momento de plantearse si el turismo puede ser la base económica de una ciudad, plantearnos también si los riesgos más importantes están relacionados con la tentación de reproducir los modelos que en el pasado se han demostrado insostenibles, como la masificación, los empleos temporales, la especulación inmobiliaria, la nula gestión en la implantación de nuevas empresas en nuestro polígono industrial.

Es hora de tomar decisiones valientes, si lo dejamos todo en manos del sector privado fracasaremos, si nos fiamos de la intervención de las  directrices publicas como la mano que mueve los hilos fracasaremos también.

Esta crisis ha dejado al desnudo a nuestra ciudad. Se podrán tomar muchas  medidas pero hay una realidad evidente: ¿quién, y quienes van a ser los sastres que diseñen un nuevo traje a medida para afrontar esta situación?.

El tiempo nos lo dirá.