Mikova, el pueblo de Andy Warhol

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En un recóndito territorio de Eslovaquia hay un pueblo donde habitan no más de cien personas. Este pueblo se llama Mikova, y puede presumir de ser el segundo lugar del mundo donde más obras originales de Warhol hay. Muchas de ellas decoran las casas de algunos de sus familiares. Allí, viven aún primos y sobrinos del artista, todos miembros de la rama pobre de la familia Warhola. Para muchos de ellos, estar emparentados con tal celebridad, les trae completamente sin cuidado.

Andy Warhol nació en un piso errabundo del Soho, en Pensilvania. Sus padres, como muchos otros, habían emigrado de Eslovaquia en busca del sueño americano. Los avatares de su viaje marcaron profundamente a su madre, Julia Warholova. De hecho, su madre nunca olvido a su querida Mikova, un pueblo ignorado por el mundo, ni tampoco cambio mucho en su interior: seguía hablando un dialecto casi extinto de Europa del Este y cocinando las mismas recetas que sus ancestros.

Andrijko Wahola – el nombre ni americanizado de Andy Warhol- aprendió de su madre la técnica del dibujo con tinta negra. Pasaba las tardes en la pequeña cocina de su casa imitando “Los angelitos de Julia”, como llamaba a los ángeles y querubines seguidos de cometas y estrellas pintados por su madre.

En Mikova quedaron las familias del padre y de la madre del artista. Estos recibían con frecuencia dibujos originales del pequeño Warhol pero no le daban mucha importancia. Para estos era más importante sobrevivir atrapados en un pasado y con pocas vistas de futuro. Muchas de sus pinturas fueron utilizadas por los niños para fabricar barquitos de papel y lanzarlos a la corriente del rio.

Cuando Andy Warhol alcanzo la fama decidió que viajaría a Mikova. Sin embargo, murió antes de poder llevarlo a cabo. Si lo hicieron sus hermanos, en sentido inverso. A su vuelta al pueblo la poca gente del lugar, alborotada porque allí nunca llegaba nadie, alucinaron con los camiones cargados con serigrafías y material del artista. “Pintaba bonito el muchacho” es lo más que se le ha escuchado a alguno de sus vecinos. Nadie sabe lo que significo Andy Warhol para el arte contemporáneo. Si acaso, unos pocos admiran alguna de las numerosas serigrafías de Lenin, y poco más.       

Como muchos de sus familiares dicen, “la familia de América” significaba algún que otro paquete con cacao, detergente y otras provisiones difíciles de obtener en la vieja URRS.

En una ocasión María, una de las hermanas de Julia visito EEUU, no tardo tres meses en volver a Mikova. No le había gustado Nueva York, ni la comida, ni la gente corriendo a todas partes. “Ellos”- relata Vasil, otro de la familia original- “no son como nosotros, le dan demasiada importancia al dinero”. Otra, María – hija de la hermana de Julia-, reconoció el error de su madre cuando regreso de América: no trajo cuadros de su sobrino y sí un montón de comestibles que escaseaban en Eslovaquia.

Cuando atardece en Mikova los Warhola miran hacia ciertos objetos y dibujos por su valor sentimental. A veces les visitan los parientes de América.

“Ni nombre ni epitafios quiero en la tumba” dijo Andy Warhol antes de morir. Si eso hubiera sucedido en Mikova lo hubieran llevado a rajatabla.    

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