Divagaciones sobre las palabras y palabras mágicas

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Siempre digo que las palabras gotean una a una, haciendo ruido. Rompiendo el silencio. Trayendo suspiros que, a veces, traicionan. Las palabras suelen ser indiscretas porque hurgan el pasado y remueven la alfombra, haciendo que uno tropiece y caiga allí donde no existe ruido, allí donde moran los recuerdos… Como ya dijo Clarice Lispector, es allí donde voy.  Voy a los recuerdos porque el suspiro trajo la alegría de días llenos de magia cuando las palabras, saltando, se transformaban en risa. Parecía una historia no escrita que no iría acabar.  Los recuerdos venían solos como palabras coloridas, perfumadas, sabrosas.

Alguien decía con amor mi nombre. Después, podíamos correr sobre el pasto. Había sol en un día de invierno cuando te vi echado sobre el herbaje en el parque turístico, de un lado una escultura y del otro lado, otra. Pasé, sin interrumpir tu momento de recreo, junto a tu pequeño séquito de musas veteranas. Mis ojos tocaran tus pantalones vaqueros desgastados. No importa. Eso, no hace parte de los días bellos, cuando las palabras se multiplicaban como en un salón de espejos infinitos, donde la paz envolvía el tiempo. En el tiempo en que alguien decía con amor mi nombre.

Muchas veces las palabras son húmedas, pegajosas; porque guardan un montón de sentimientos sin que nadie se percate. Hay palabras que no quieren volver a mirar las fotos antiguas, de las horas que ya pasaron hace tanto. Pero las palabras no se atreven a decir, tartamudean y se callan. Se sienten obligadas a mirar y compartir recuerdos alegres, cuando su corazón está latiendo en otro compás. Las palabras húmedas se amontonan en la garganta en los días fríos cuando querías estar atizando la chimenea, escuchando el sonido del río y viviendo de otra manera tu vida; posiblemente, de la manera soñada, lejos de la bulla de la ciudad y de la casa pequeña. Si. Las palabras resbaladizas, dejaron caer la idea de que sería mejor lo que no fue.

Con las palabras se dicen muchas cosas. También se canta junto a la voz de la inolvidable Cesária Évora, “Sodade”. Memorias de la historia de cualquiera que se fue y no volvió. Seguramente, porque encontró palabras diferentes del amor, de la alegría y de la paz; entonces, se ahogó en un val de mentiras. Porque la mentira es la palabra que traiciona, que no merece ser pronunciada. Porque siempre habla de lo que no existe, por más grandeza que exprese, la mentira vale muy poco. Una máscara sobre otra máscara, para crear una imagen que no corresponde al que vegeta bajo las máscaras. Alguna vez, algunas máscaras fueron parte de los días bellos. Ahora ya no importa. Hace mucho se cayeron las máscaras. Se rompieron, dejando palabras en el Paisaje.

El viento lleva y trae las palabras, algunas se confunden con secretos, algunas secan heridas, otras borran cicatrices. Del leste llegan las palabras“myr, radistʹ, lyubov”, son palabras mágicas. Son reales. Trato de repetir cada una como un mantra. Espero que se materialicen y caminen solidas por el mundo. Espero que se multipliquen como hongos después de la lluvia. “Myr, radistʹ, lyubov” son palabras mágicas.

Fotografía: De Bremond – Trabajo propio, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8757318