Cantos para una siesta cósmica.

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Por G.G. Prokófiev.

“No pediré perdón por tomar la decisión de seguir siendo yo”. Con este verso comienzan los nueve Cantos para una Siesta Cósmica del Solito Trovador, o lo que es lo mismo, Carlos Huerta, cantautor leonés que nació en Astorga hace unos 35 años.  Este trabajo discográfico ha sido grabado en los estudios Feelson con Jorge Cañón a los mandos, como sucedió con “Un velero a la deriva” (2013) y “Hay que seguir cantando” (2016).

Es un disco para degustar con tranquilidad, sentado en una butaca o sillón mientras descorchas una botella de Mencía o Prieto Picudo, sin grandes distorsiones ni extravagancias, consiguiendo una atmósfera entre versos profundos que reflejan los pensamientos, vivencias, emociones del compositor y denunciando desigualdades, dando su punto de vista sobre diversas coyunturas sociales y políticas, que si no fuera que nos cuestan disgustos e hipotecan nuestros futuros robándonos el presente, nos daría risa de los histriónicos y patéticos que son este desfile de políticos y especialistas que nos dirigen, peleando a ver quién es el que menos cordura propone y dispone.

Fotografía: Vicente García

Si algo define las creaciones musicales de Carlos, son las letras, auténticos poemas que salen desde la conciencia poética con una dignidad inigualable y tan poco común en el mundo musical últimamente, más pendiente de entretener que de mover conciencias. Además, a diferencia de los trabajos anteriores, las estrofas y estribillos se ven acompañados por composiciones minimalistas y relajantes sobre un piano o una guitarra, emancipándose de su inseparable acordeón.        

Carlos comienza el trabajo con Antagonismos de Paz, donde intenta plasmar la necesidad de ser uno mismo, de superar las habladurías, los prejuicios y el  qué dirán.

Esta noche es una nana, un canto a la esperanza y las ganas de vivir, recordando que la primavera llegará y florecerán los jardines frente a los jardineros que quieren podar los sueños desde que nacemos.

Las contradicciones de Villon es esencialmente una antítesis, algo tan humano como habitual en cada uno de nosotros.

El disco va navegando hasta Madera de Pendón, un canto dedicado al País Leonés, a cada una de sus comarcas y sus gentes, apoyándose en la historia y en la tradición que pasa de boca en boca, donde conviven Bellido Dolfos o Doña Urraca con los que decidieron en los despachos oficialistas de la transición cuál debía ser la identidad y que a día de hoy sea una de las regiones de la “España vaciada”. Un humilde himno, que huye de heroicidades y clarines.

Sincronicidad apícola es un oasis de calma, una apología al valor del trabajo, una pequeña tregua hasta Ruina y lamento, que hace un recorrido por las sinrazones de nuestros días, como las guerras auspiciadas por el poder o la codicia que es capaz de desahuciar como máximos exponentes.  En realidad, es una canción con mucha conciencia de clase, una especie de aliento para construir el cambio a partir de nosotros mismos y “no ceder al trabalenguas si el cielo está encapotado”.

Cantos para una siesta cósmica (2018) Eklat Producciones.
Grabado en La Valcueva (León) por Jorge Cañón (Feelson)

Con Un chupito señorita nos vamos a beber y bailar acordes. Este es un tema escrito a medias con el argentino Carlos Attadía (música), precisamente en un bar, se nota, con un toque melancólico porteño que le aporta un aire muy especial y mágico.

El autor nos aporta una oda a las artes escénicas, como ya hizo con Payasina clown en un Velero a la deriva, con Eres teatro. Un poema que hace converger el amor y la complicidad con lo cotidiano, visto desde los ojos de una comedianta y su espectador.

Acaba el disco con una versión de Bajo la vía láctea del poeta y músico aragonés Ángel Petisme.

Poco más puedo decir sobre Cantos para una siesta cósmica, simplemente invitaros a escucharlo en el canal de Spotify de El Solito trovador, y espero que como me ha pasado a mí, saboreéis cada uno de sus versos y acordes.

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