Mano Negra, sin lugar para el miedo

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Han pasado ya muchos años de esa aventura transoceánica que llevo a uno de los grupos musicales más íntegros que ha habido a jugársela en una huida hacia el sur. Mano Negra siempre ha sido el exponente de la cultura multirracial a base de ritmos caribeños, algo de salsa y mucha energía urbana. Hay pocos artistas que hayan llevado el arte musical al extremo como ellos. Un grupo musical dispuesto siempre a romper fronteras y dar lo máximo sobre el escenario.

 En el año 92, cuando aquí nos dedicábamos a mirar las margaritas y desechar montones de recursos en rememorar nuestra hispanidad, los miembros de Mano Negra, encabezados por Manu Chau, se embarcaron en una odisea a bordo de un carguero con el que recorrieron las costas de Venezuela, Colombia, México, Cuba, Brasil, Ecuador, Argentina,.. para ofrecer conciertos gratis a la gente de la calle, a las personas que nunca habían disfrutado de un espectáculo como el de este grupo.

El carguero se convirtió en una especie de circo itinerante. A la gira se le llamo Barrio 92. Su público procedía de barrios marginados, favelas, pero también mucha gente de clase media acudía a disfrutar de su espectáculo. La intención era crear una integridad en zonas donde lo común era la delincuencia y los prejuicios. Introducir la cultura en lugares considerados guetos fue lo más sencillo. Lo peor fue la travesía en un barco casi para el desguace en unas condiciones deplorables. Se pasaban más tiempo en la sala de maquinas reparando averías que preparando los conciertos. Todos los días existía la incertidumbre de que el barco no llegaría a su destino. Hacer que el barco siguiera navegando era casi un milagro. Desde un principio el reto para los integrantes de Mano Negra no solo fue el barco sino la autogestión. Nunca comulgaron con la industria musical, habían surgido de la espontaneidad y así querían vivir.

En esos momentos el grupo pasaba una crisis de identidad y habían estado a punto de separarse. Fue esta experiencia lo que les unió de nuevo: pasarlas tan putas en medio del océano, atracando en puertos donde tenían que luchar con toda la burocracia y, especialmente, el cariño del público les enseño a dejarse de tonterías y ver que si para ellos era dura la experiencia, solo tenían que bajarse del barco y darse una vuelta por esos barrios de Sudamérica donde no hay ley ni justicia. Ellos lo definieron como que aquello fue todo, Todo.

Fueron cinco años de momentos muy fuertes y terribles, también de momentos fantásticos. Cuando realizas una aventura de este tipo obtienes una perspectiva diferente de la vida y te das cuenta de lo difícil que es ganarse la libertad individual. Nunca se supo cuanta gente formo el colectivo que agrupaba a esta aventura: unos iban, otros venían.

Con Mano Negra colaboro la compañía teatral “La Royal de Luxe”, los verdaderos motores de esta travesía. Los escenógrafos construyeron una calle en el interior del carguero donde se realizaban los espectáculos. Cuando la gira termino el barco acabo amarrado en Nantes y se dedico a centro cultural. Finalmente todo se desmonto y el carguero volvió a funcionar como barco de mercancías.

Los años de compromiso de Mano Negra no deberían ser olvidados por ningún músico que pretenda llamarse artista. Hay que demostrar que el Arte, la música, van unidos a la vida inexorablemente. Siempre mostraron un compromiso con lo que hacían. Ahora, la gente de la calle ya no cree en nadie, la fatalidad de la no reacción nos está poniendo en nuestro sitio, en esta vieja Europa cobarde y esclava de la economía.

Quizá no sea tarde para que la gente joven tome ejemplo de este tipo de aventuras y se lancen a cambiar la situación para enriquecer su vida y la de los demás. Se harán ganar el respeto y la palabra ser humano tomara su verdadero valor.

Difícilmente esto sucederá en el año del miedo, la angustia y la mafia político-informativa, un circulo vicioso que se retroalimenta y del que nos va a costar salir.

Animo, os queda mucho por hacer.          

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