¿Qué es una tortura?

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No sé quién se ha ido inventando el almanaque de los “Días Internacionales de…”, pero es alucinante. Existe el Día Internacional de llevar el perro al trabajo (21 de junio), Día Internacional de la croqueta (16 de enero) y hasta el Día Internacional del Mosquetero (3 de octubre). Muchos de estos días ni siquiera se sabe el por qué ni el cuándo se crearon. Junto a estos ejemplos absurdos, también están los que tienen su fundamento en una fecha concreta.

El día 26 de junio se celebra el Día Internacional de Apoyo a las víctimas de la tortura. En 1997, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama este día con un único objetivo: erradicar la tortura en el mundo. Noble propósito.

Ahora bien, me dispongo a leer sobre lo que la misma ONU considera “tortura”, y casi se me caen los palos del sombrajo. Definen la tortura como: “cualquier acto en que un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia, inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación”.

La RAE es algo más coherente, y define la tortura como:“Grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo.”

Para mí, esta definición también se queda corta, puesto que deja fuera al psicópata o al maniaco, que no busca ninguna confesión ni castigo, sólo su propia satisfacción y placer.

Amnistía Internacional, combina las dos definiciones y viene a decir más de lo mismo.

Pues bien, señores, yo no soy ni funcionario público ni persona en el ejercicio de las funciones públicas; y según estas definiciones, si mañana, ato a mi marido a una silla con cinta americana, o al vecino o a la tonta que nunca me cayó bien, y me lío a hacerle todo tipo de cabronadas emulando un remake de “Hostel” (dejen ustedes volar su imaginación), pues parece ser que no es tortura. Claro que no sé cómo estas organizaciones definirían mi forma de actuar.

De la misma manera, entiendo que, si las mismas barbaridades a lo gore, se infligen a animales, tampoco es tortura, puesto que no son “personas”, ni se les quiere sonsacar confesión.

Pues mire usted, o yo estoy muy despistada, o no me entero o creo que estos de la ONU están equivocados. Pero no creo que yo sea más lista que ellos, que es la mayor organización internacional que existe. Desde luego más en desacuerdo no puedo estar.